Un buen Final

El Manchester United conquistó la UEFA Europa League 2016/17 tras completar una Final según los cánones de su entrenador: no asumió ningún riesgo, anuló el potencial ofensivo de un equipo que se define por el mismo y salió lo suficiente como para que lo más lógico, por no decir que lo único posible, fuese su cómoda victoria. Cuando el fútbol parece girar hacia un camino donde el uso del balón exige versatilidad, José Mourinho volvió a dominar el último día de una competición internacional a partir de su posicionamiento.
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El 0-1 resultó paradigmático. El Ajax de Amsterdam iba a sacar de banda a la altura propia del lateral izquierdo, y la diferencia entre los órdenes tácticos de los conjuntos otorgaba absoluta superioridad a los Red Devils. Los holandeses no crearon ninguna ventaja desde la asociación, tan solo lo hacían tras conducciones que eliminaban pares, y Mourinho, sabedor de ello, orquestó una doble barrera en el centro en la que Fellaini como mediapunta era el primer obstáculo y un doble pivote formado por Pogba y Herrera salía rápido a la ayuda para barrer. El Ajax sufría mucho para batir líneas, depositaba demasiada responsabilidad en botas del central colombiano Davinson Sánchez, y el chico no sabía responder. La acumulación de pérdidas era excesiva y anti-competitiva. Fueron minutos, los primeros 20, marcados por esta circunstancia y el daño acometido por un gigante Pogba en las transiciones ofensivas de los ingleses.

Fiel a sus ideales, Mourinho concedió metros y aún más posesión tras tomar la iniciativa en el marcador; una decisión que provocó un relevo en el protagonismo entre Paul y Ander. Pese a que el español es un interior natural y no un pivote específico, en este momento del proyecto se trata del centrocampista más capacitado para equilibrar un repliegue en campo propio. Él fue el pilar que dotó de estabilidad a la estructura que protegía a Romero, a la que el Ajax trataba de desbordar con incorporaciones incesantes desde segunda, tercera e incluso cuarta línea, con los centrales Sánchez y de Ligt -el joven que mejor impresión causó anoche en el Friends Arena- cargando la zona de mediapuntas prácticamente acción tras acción. Entre otras cosas, porque los llamados a liderar la ofensiva holandesa por dentro, que eran Ziyech, Klaassen y Dolberg, no pudieron aparecer en ningún momento.
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La historia de la Final no fue mucho más allá. Dicho discurso se vio aderezado por algunas escapaditas de los de Mourinho a la contra que habitualmente tenían como comienzo una prolongación del importante Fellaini, que tan cierto es que no ha demostrado durante su carrera ser una pieza capacitada para trascender en un candidato a la Champions como que para la exigencia de la Europa League y similares resulta un auténtico filón. Rashford, en constante ventaja frente a Davinson Sánchez y de Ligt, no terminó de aprovechar el contexto que se le ofreció, pero eso no fue nada que amenazase ni el nuevo título del Manchester United ni la presencia de los Red Devils en la próxima edición de la Champions League.