El primero de guardiola en Inglaterra

Fue a inicios de década cuando Pep Guardiola y Arsène Wenger disputaron sus primeros duelos. En aquel entonces, la máquina dirigida por el entrenador catalán era tan imponente que casi ningún rival parecía competitivo en comparación, si bien precisamente repasar aquellos enfrentamientos entre el FC Barcelona y el Arsenal FC constituye una de las pruebas más fehacientes de la enorme salud de la que gozó el fútbol durante aquellos años.
El proyecto de Vermaelen, Song, Cesc, Wilshere y Van Persie, también el de Nasri y Arshavin, fue un equipazo que le puso las cosas muy difíciles a un conjunto que, en estos momentos, de modo bastante probable, encadenaría paseos militares. Por desgracia para los gunners, su realidad hoy es bien distinta. Sus jugadores podrían dar la talla, pero su juego palidece frente a los mejores. Incluso cuando estos, como ayer el Manchester City, no ofrecen, ni de cerca, su mejor versión.
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Guardiola planteó uno de los partidos más conservadores que ha concebido esta temporada. Visto con perspectiva, se intuye que la base de su estrategia nació en la lectura de que el Arsenal FC, con Ramsey, Özil y Aubameyang, poseía un contragolpe letal al que no convenía exponerse, y que, sin embargo, su sistema defensivo, con Xhaka en el doble pivote, cedería tantas facilidades que no merecía la pena abrirse en exceso durante el ataque posicional citizen, pues los fallos de los de Londres acabarían cayendo por su propio peso.
Así pues, el líder la Premier orquestó una salida desde atrás muy poblada que le otorgó el control del choque de forma muy sencilla. En primera línea, Otamendi, Kompany y Danilo generaban una igualdad teórica contra Wilshere, Aubameyang y Özil que, en la práctica, se percibía como ventaja por el efecto arrastre que ejercía el doble pivote Fernandinho-Gündogan. Xhaka y Ramsey no podían salir a por ellos, lo cual dividía las atenciones del tridente ofensivo del Arsenal restándole eficacia a su propuesta agresiva. Además, las posiciones adelantadas y fijas de Walker y Sané, en derecha e izquierda respectivamente, anulaban el factible empuje de Bellerín y Monreal. Guardiola había creado una zona de confort para sus cinco primeros hombres y el resto ya sólo dependería de que De Bruyne y Silva, libres en tres cuartos, enlazaran con el chisposo Kun Agüero.
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La simpleza e, incluso, falta de espectacularidad que marcó a esta Final de la Copa de la Liga mermó las expectativas de los neófitos en el seguimiento de este Manchester City pese a su rotundísima victoria, pero no debería ser así. De hecho, el envite enseñó un rostro cínico y pragmático de los skyblue que les concede mayor crédito si cabe. Por norma, se ha tratado de un colectivo muy ofensivo y de ritmo alto que ha generado sinergias de muchísimas acciones por parte del uno y del otro, y en el momento de definir un título, supo leer la precariedad -y también el único peligro sensible– de su oponente y llevar el juego a mínimos para garantizarse el éxito. Y las mejores obras de Pep también se caracterizan por esto.